Venta de entradas por Ticketek y en el hall del Centro Cultural Recoleta.
Fedra ProzacMendoza | Fedra Prozac, basada en el mito griego, nos sumerge en un mundo onírico, de personajes muertos, que transitan un devenir constante donde sus obsesiones, miedos, furias y deseos, quedan al descubierto bajo su mente de Prozac.
Visible"Visible" tematiza el uso cotidiano de la tecnología y el espectáculo tiene un formato que da cuenta de esto. Se inicia, se apaga, se resetea, se cuelga, se reinicia. Fragmentos de la vida de cualquier joven urbano: chateo, celulares, cámaras, búsquedas y buscadores.
La noche de los extraviadosCórdoba | En la actualidad, con la explosión de las nuevas tecnologías y los medios de comunicación, las modalidades de percepción han cambiado paradigmáticamente. Este nuevo escenario nos lleva a preguntarnos sobre los límites entre la realidad y la ficción; las identidades personales y colectivas; la relación entre lo público y lo privado, en un horizonte político.
La pataformosisColombia | «La Pataformosis» es una pieza multidisciplinaria que mezcla teatro, danza, música, artes plasticas, física cuántica, lingüística, tecnología y, si se quiere, pataphysique. Cinco actores representan al mismo personaje sin interactuar directamente entre sí.
MitosisEspaña | Este es un proyecto en el que confluyen varias disciplinas, tales como artes escénicas, arte interactivo y nuevos medios, música, arte sonoro y video-arte. El espectáculo está basado en el trabajo de investigación y los desarrollos de los últimos años del grupo NeuroNoise, del cual forman parte Carlos Martínez Franco y Alejandro Posada.
El fin del espacioEl fin del espacio cierra una trilogía, iniciada con (aún (song) y La voz que guarda el silencio), que trata un tema estrictamente contemporáneo: el cambio de las relaciones interpersonales producido por el uso creciente de las nuevas tecnologías.
Sin SangreChile | “Cuando la venganza se transforma en el único camino visible, cuando la muerte se hace dueña de todo destino, irrumpe la certeza que parecía perdida desde siempre: el sino maldito de la tragedia se rompe sólo SIN SANGRE”.
El teatro en la Argentina suele no estar demasiado emparentado con la tecnología. Será por la pobreza estructural y endémica en los sistemas de producción, o porque no interesa, o porque no hay dónde aprender los potenciales usos que se pueden hacer de las diferentes herramientas que el mundo actual les ofrece a los artistas. No sabemos bien el motivo, pero suele deslumbrar cuando alguna compañía que sí lo hace visita nuestro país ofreciendo una estética con lenguaje cinematográfico, cibernético o del que sea.
Por ese motivo, en tecnoescena pretendimos mostrar lo mejor que el mundo está ofreciendo en la relación que estimular a los creadores que ya tenían montado un espectáculo y a otros que estaban pensando hacerlo pero que le faltaban los medios para lograrlo, del mismo modo como necesitaban un espacio que les oficiara de marco.
No es fácil en estas latitudes montar espectáculos con esas características puesto que los teatros están tan empobrecidos como abarrotados. Y la concepción general sigue siendo la presencia de un cuerpo, el del actor, con otro cuerpo, el del espectador. Con eso alcanzaría para que sea teatro. ¿Pero qué pasa cuando en vez de utilizar la luz para iluminar la utilizamos para hablar? Comenzamos a sentir que hay todo un universo que no estamos teniendo en cuenta y que dista de ser frío, técnico, mecánico.
La fusión del arte con la tecnología tiene la posibilidad de llevar al arte más allá de sus propias fronteras, sean éstas tanto físicas como estéticas. Y claro que para la curaduría no elegimos espectáculos o proyectos que utilizaran elementos tecnológicos, sino muy por el contrario que los conviertan en lenguaje. ¿Qué quiere decir esto? Que la tecnología no puede ser pensada como elemento ilustrador, o como prepotencia económica y tecnológica. Los usos de esa herramienta tienen que estar justificados por la escena misma y convertirse así en lenguaje. La herramienta devenida en lenguaje fue lo que buscamos y por eso cada uno de los espectáculo que podremos ver en esta nueva edición de tecnoescena son aquellos a los que si se les quita ese lenguaje quedan vacíos, desarticulados. No se trata aquí de proyectar una imagen en video por el sólo hecho de proyectar algo. Tiene necesariamente que dialogar con la escena, siendo éste el único medio posible para emitir ese sentido que los artistas están intentando producir. Eso es entender a la tecnología como lenguaje y ésa es la propuesta: buscar los límites no como forma de lamento sino como un modo posible de lograr expandir la comunicación más allá de nuestras propias fronteras.
Dialógica entre el arte y la tecnología, al mismo tiempo.
Federico Irazabal