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El tercer lenguaje escénico (Crítica de Argentina)

Hay un teatro nuevo, que incorpora la tecnología y devuelve imágenes animadas por actores en el escenario. Sucede en el ciclo Tecnoescena. Y el grupo Teatro Cinema, de Chile, es uno de los atractivos principales.

“Lo de teatrocinema es solamente un juego de palabras”, se ataja Juan Carlos Zagal, director y actor de Sin sangre. “En realidad, lo que hacemos es teatro ayudado por herramientas que nos ayudan a narrar”. La respuesta le sale casi de memoria; antes de presentarse en Bélgica, Italia, Colombia o Taiwán (aunque la lista sigue), Zagal tuvo que contestar la misma pregunta: ¿lo de ustedes es cine o teatro? Su respuesta, siempre, es que en su técnica predomina el teatro, pero que las herramientas tecnológicas (el lenguaje cinematográfico, bah) está ganando terreno en las puestas que el grupo heredó de dos integrantes del mítico colectivo teatral La Troppa, disuelto en 2005. “En Jesús Beth, lo último que habíamos hecho con La Troppa, montamos una especie de cine artesanal, hecho con maderas y escenografías que se movían junto a un montón de aparatos que generaban en el espectador la ilusión cinematográfica. Pero el mecanismo era super agotador y un poco limitante: ahora que las escenografías reales se funden con las filmadas, la sensación que tenemos es de libertad absoluta. Podemos contar cualquier historia aunque involucre saltos temporales y escénicos con mucha soltura”.

Y si había una historia que comprendía esos saltos, ésa era la de Alessandro Baricco, el autor de la archifamosa Seda que, siete años después de dar a luz su máximo best seller, escribió una novela sobre la necesidad de recordar, la venganza y sus consecuencias. En Sin sangre se cuenta la historia de Nina, una chica de 12 años que ve morir a su padre y medio siglo más tarde decide transformarse en verdugo de sus verdugos. “La novela parece una película en la que él privilegió la acción y una narración que va de atrás hacia delante, con saltos temporales que se parecen a los de un film”, asegura Zagal. “Nuestras ganas de experimentar y este guión fueron la combinación perfecta. Apenas supimos que íbamos a trabajar con este libro, armamos un guión de cine y después no pusimos a pensar cómo podíamos llevar todo eso al teatro. Ahí fue tomando forma este tercer lenguaje, que nosotros llamamos teatrocinema.”

Cámara en mano, entonces, el grupo salió primero a recorrer Santiago y sus alrededores para filmar lo que sería la escenografía móvil, esa que en algunas escenas se mimetiza tanto con los actores que es imposible escaparle a la sensación de estar viendo una película en 3D. “Todas las imágenes pasaron por un proceso de posproducción para que entraran en una especie de espiral de lo onírico: buscamos recrear la idea de cómo funciona la memoria cuando uno recuerda mucho tiempo atrás. Cuando te acuerdas cosas de cuando eras niño, siempre recuerdas más grandes o más oscuras. Distintas. Las nubes de colores, densas, en ese sentido, funcionan como una especie de presagio de que algo pasará.”

–Es imposible escapar a la idea de que el texto y la historia chilena tienen muchos puntos en común. ¿Lo tuvieron presente durante el proceso creativo?


–Hay una relación muy directa con nuestra historia, pero también la argentina y la peruana y todas las naciones latinoamericanas que han tenido dictaduras. A veces tengo la sensación de que todavía nos cuesta dar el paso siguiente, cerrar algunas heridas. En ambos bandos, ¿eh? Y ésta es una historia que tiene que ver con eso, un discurso abierto que nos invita a pensar si somos capaces de curarnos a nosotros mismos, a decir: “Hasta aquí llega todo esto, ahora me pongo a vivir”.

Después de su presentación en Buenos Aires (en el ciclo Tecnoescena desde hoy hasta el viernes, a las 21, en el Complejo Cultural Cine Teatro 25 de Mayo, Triunvirato 4444), el grupo viaja a Ecuador y Alemania, para terminar el año en Santiago. “Queremos hacer la despedida allí y ponernos a trabajar inmediatamente con la segunda obra. Tenemos pensado hacer una trilogía de teatrocinema para seguir indagando en la técnica. Por lo menos, dos obras más. Supongo que iremos creciendo y que la segunda también nos dirá cómo hacer la tercera. Yo la que quiero ver es la tercera”.

Fuente: http://www.criticadigital.com/impresa/index.php?secc=nota&nid=11441

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